Eulogio Soriano Lázaro
Un S.Jerónimo,
barroco y en actitud penitente.




Era una tarde, una cuasi noche de verano en Mezquita. Sabías que en la iglesia alguien estaba pintando a brocha gorda, allá arriba, cerca de las bóvedas.

Te acercaste por ver la pintura, quizá, camino del barrio de El Castillo, donde esperaba tu madre con la cena.

Allí estaba el pintor subido a su escala. Por aquellas alturas, habías visto, de siempre, un lienzo pequeño y muy oscuro sin adivinar a quién representara.





Mirabas y no se encotraba el tal cuadro por tales alturas.

Mirabas y lo encontrabas a tus mismos pies, y no dabas crédito, junto a los desperdicios que suelen acumular los pintores.

Lo había desgarrado y arrojado al suelo para la basura.

Lo recogiste con emoción.(Ese rostro cuarteado,esa mirada, esa mirada). Renegrido por el fuego y rasgado por el pintor.Un rostro penitente se adivina en él.Un Cristo, una calavera y un paisaje.

Le participaste al cura tal hallazgo...






Esos ojos, esa calavera, esa mano, tal vez con una piedra entre los finos dedos, para golpear el pecho.

Pasados tantos años, lo rescatas y lo publicas.La foto digital, ayuda, no poco, a adivinar la belleza barroca del lienzo renegrido.